Masaya | Bayardo Gutiérrez | 29.08.2025 | 15:28
En el corazón de Masaya, un joven talentoso llamado Jeremy Joshua Jiménez Molina está escribiendo su propia historia. A sus 18 años, Jeremy, diagnosticado con autismo de nivel uno, no solo asiste a clases, sino que transforma su pasión por el dibujo en una carrera: Técnico Especialista en Diseño Gráfico. Su aventura en el INATEC es un testimonio de cómo la educación inclusiva puede cambiar vidas.
“Mi experiencia ha sido muy buena y desafiante, porque a veces se me dificulta entender ciertas normas. Pero lo importante es que he aprendido mucho de mi carrera, que es lo que más me apasiona”, comentó Jeremy mientras enseña sus ilustraciones inspiradas en sus cómics favoritos como Dragon Ball y Kimetsu no Yaiba.
Su madre, Alisson Molina, lo acompaña en cada paso y compartió orgullosa la experiencia de verlo crecer:
“Desde los cuatro años, Jeremy aprendió solo a dibujar. Yo lo veía con sus cuadernos llenos de caricaturas y cómics, y ahí me di cuenta que ese era su mundo. El dibujo fue siempre su manera de expresarse y de comunicarse. Aunque muchas veces le costaba socializar o hablar con otras personas, a través del arte lograba mostrar lo que sentía”.
Sobre la oportunidad de estudiar en el Centro Tecnológico, agregó: “Para mí ha sido una bendición. En una universidad sería demasiado teórico, demasiada carga, y con su condición eso no le ayudaría. Aquí en INATEC todo es práctico, y ese modelo es lo que mejor se adapta a él. Lo he visto avanzar, ser más independiente, más seguro de lo que hace, y eso me llena de alegría como madre”.
También destacó el ambiente inclusivo: “Aquí lo han recibido como parte de una familia. Los compañeros lo apoyan, los docentes tienen paciencia y lo guían. Eso ha sido fundamental para que Jeremy no se sienta diferente, sino parte de un grupo. Como mamá me siento agradecida porque sé que está en un espacio donde lo valoran por su talento y no por sus limitaciones”.
Con mucha emoción, concluyó: “Yo sueño con verlo trabajando en lo que ama, que es el diseño gráfico, y sé que lo va a lograr. Él tiene talento, disciplina y sobre todo un corazón enorme. Jeremy es mi orgullo y mi mayor bendición”.
En su proceso de formación, Jeremy ha encontrado un ambiente de respeto e inclusión. Su compañera de clase, Auxiliadora Morales, lo describió con cariño: “Jeremy va al mismo ritmo que nosotros. Tiene un talento increíble para el dibujo, a veces hasta nos sorprende con sus ilustraciones. Aquí hemos aprendido que no importa la discapacidad, todos somos iguales y valiosos”.
Con la guía de sus docentes, Jeremy ya domina programas como Illustrator y Photoshop, diseñando catálogos, revistas, ilustraciones y cómics digitales. Sin embargo, confesó que su mayor pasión sigue siendo el dibujo tradicional a mano alzada: “Lo que más me gusta del ilustrador es poder crear imágenes, pero en papel siento que dibujo con el corazón”.
Su profesor, Lenin Taleno, destaca sus avances: “Cuando llegó no conocía nada de diseño gráfico. Hoy maneja software profesional y tiene una gran habilidad para el dibujo. Es muy disciplinado y sobre todo, apasionado por lo que hace”.
Sueños y futuro
Jeremy tiene claras sus metas: “Quiero conseguir un trabajo estable en diseño gráfico para ayudar a mi mamá y salir adelante”. Sobre su madre, agregó con ternura: “Ella es todo para mí, me ha acompañado en las buenas y en las malas. Es la mejor persona que he conocido en mi vida”.
Su historia refleja lo que significa la educación técnica inclusiva en Nicaragua: oportunidades reales de formación, crecimiento personal y profesional, y, sobre todo, la posibilidad de cumplir sueños sin importar las barreras.
En este año, INATEC atiende a 2,100 protagonistas con discapacidad en cursos y carreras técnicas, promoviendo su integración laboral y social.