None | Maryorie Duarte | 16.03.2026 | 09:18
A sus 14 años, Natán Ramírez Orozco ya habla del campo con seguridad y entusiasmo. Estudia décimo grado y vive en la comunidad Santa María, en el municipio de San Francisco Libre. Para él, aprender a sembrar, criar peces o preparar alimento para animales no es solo una clase más: es una oportunidad para mejorar la vida de su familia y de su comunidad.
“Estos proyectos nos ponen las prácticas en las manos. Hemos aprendido desde siembra básica hasta técnicas más avanzadas para producir en nuestras casas”, cuenta con orgullo.
Natán también forma parte del proyecto de crianza de tilapia en su colegio. Explica que no ha sido fácil: el calor, el sol fuerte y los vientos han afectado el proceso. Sin embargo, asegura que con el acompañamiento técnico han aprendido a resolver los problemas.
“Aprendimos a hacer enramadas naturales para proteger a los peces del sol y también a preparar alimentos con recursos que tenemos aquí, como hojas secas de yuca y otros ingredientes. Eso nos ayuda a seguir produciendo, aunque tengamos pocos recursos”, relata.
Su historia se vivió durante la entrega de herramientas y materiales del Programa Nacional Vocación Productiva para el “Trabajo y la Vida”, realizada en el colegio Conchita Lugo, en el municipio de San Francisco Libre, donde estudiantes recibieron insumos para fortalecer su aprendizaje práctico en el campo.

Para Evelyn Tatiana Mayorga Guerrero, estudiante del centro, este programa representa una oportunidad para aprender haciendo.
“Es una clase muy bonita porque nos enseña a trabajar la tierra. Hemos aprendido a hacer abonos orgánicos para las plantas, las gallinas y los cerdos. También hemos sembrado hortalizas y aprendido cómo mejorar la tierra para producir más”, comenta.
Durante la actividad, Carlos Adán Argüello, director del Centro Tecnológico Manuel Landéz Rojas de Ticuantepe, explicó que estas entregas forman parte del fortalecimiento del programa a nivel nacional.
“Esta semana estamos entregando materiales y cartillas a más de 40 mil protagonistas en todo el país. Con estas herramientas los jóvenes pueden aprender en la práctica sobre producción agropecuaria y manejo de los recursos del campo”, señaló.

Con una inversión que supera el millón de córdobas, el objetivo es claro: que el hijo del campesino no tenga que irse a la ciudad a buscar lo que ya tiene en su patio.
Entre los materiales entregados hay palas, machetes, rastrillos, regadoras y sistemas de riego por goteo, pensados para que los estudiantes desarrollen sus prácticas productivas incluso en época seca.
Para Natán, todo este aprendizaje también abre caminos para el futuro. Sueña con continuar sus estudios en la universidad en áreas de tecnología, pero asegura que nunca dejará de valorar lo aprendido en el campo.
“Estos conocimientos nos ayudan a producir nuestros propios alimentos y hasta generar ingresos. Aquí en el campo está la base de la alimentación de nuestro país”, afirma.
Desde la siembra de granos básicos hasta el manejo de ganado y sistemas de riego por goteo, estos jóvenes estudiantes están demostrando que, con una buena herramienta y el conocimiento adecuado, el campo de Nicaragua sigue siendo tierra fértil para los sueños más grandes.